Una vacuna contra el cáncer colorrectal desarrollada por investigadores de Jefferson —una colaboración entre la Universidad de Filadelfia y la Universidad Thomas Jefferson— ha dado resultados positivos en un ensayo clínico de fase I, lo que supone un hito inicial significativo en el esfuerzo por aprovechar el sistema inmunitario contra uno de los cánceres más mortales y cada vez más frecuentes en los Estados Unidos.
El ensayo demostró que el enfoque es seguro, ya que no se registraron eventos adversos graves entre los pacientes tratados. Las muestras de sangre obtenidas de los participantes mostraron marcadores de activación inmunitaria, lo que constituye un indicio temprano de que la vacuna contra el cáncer colorrectal podría activar con éxito las células inmunitarias para identificar y combatir los tumores colorrectales y las metástasis. Se están llevando a cabo estudios adicionales para determinar si la vacuna frena eficazmente el crecimiento tumoral, y está previsto que un ensayo de fase II comience a reclutar pacientes en los meses posteriores a la publicación de los resultados iniciales.
Por qué se necesita urgentemente una vacuna contra el cáncer colorrectal
El cáncer colorrectal es actualmente la segunda causa principal de muerte por cáncer en los Estados Unidos y en todo el mundo, y las tasas de incidencia entre los adultos jóvenes están aumentando. La cirugía puede curar la enfermedad en muchos pacientes cuando se detecta a tiempo, pero el pronóstico para quienes sufren una recidiva tras la cirugía es desfavorable. Las opciones terapéuticas existentes para el cáncer colorrectal recurrente o metastásico siguen teniendo una eficacia limitada en una parte significativa de los pacientes.
El desarrollo de una vacuna contra el cáncer colorrectal capaz de entrenar al sistema inmunitario para que ataque las células cancerosas que se han diseminado antes o durante la cirugía representaría un enfoque terapéutico radicalmente diferente. En lugar de tratar la enfermedad tras una recidiva, la vacuna tiene como objetivo prevenir la recidiva dotando al sistema inmunitario de los medios necesarios para eliminar las células cancerosas residuales a las que la cirugía no puede llegar.
Según el Clínica Mayo, El cáncer colorrectal comienza como pequeños grupos de células no cancerosas llamados pólipos que se forman en el interior del colon, y la enfermedad es más fácil de tratar cuando se detecta a tiempo, lo que subraya la importancia tanto de la detección temprana como de los nuevos tratamientos preventivos.
Cómo funciona la vacuna contra el cáncer colorrectal
La base científica de esta vacuna contra el cáncer colorrectal reside en actuar sobre una molécula llamada GUCY2C, que fue identificada por el Dr. Scott Waldman, del Centro Oncológico Sidney Kimmel de Jefferson Health, como un antígeno tumoral específico del cáncer colorrectal. Los antígenos tumorales son moléculas que el sistema inmunitario puede reconocer como distintas de las células normales, lo que las convierte en objetivos ideales para la inmunoterapia basada en vacunas.
Las células cancerosas se originan a partir de células normales y comparten casi todos los mismos marcadores moleculares, lo que dificulta que el sistema inmunitario distinga el tejido canceroso del sano. GUCY2C ofrece un marcador molecular específico que permite al sistema inmunitario identificar y atacar las células del cáncer colorrectal sin afectar al tejido normal.
La vacuna, desarrollada por el Dr. Adam Snook y sus colegas, actúa uniendo la molécula GUCY2C con una molécula llamada PADRE que amplifica la respuesta inmunitaria, y cargando esta combinación en un vector adenoviral. Este constructo modificado genéticamente está diseñado para activar las células T citotóxicas, el tipo de célula inmunitaria responsable de localizar y destruir las células cancerosas, específicamente contra las células de cáncer de colon que expresan GUCY2C.
Lo que reveló el ensayo clínico de fase I
En el ensayo de fase I participaron 10 pacientes con cáncer de colon en estadio I o II. Cada paciente recibió una dosis única de la vacuna contra el cáncer colorrectal y acudió a las citas para que le extrajeran sangre a los 30, 90 y 180 días de la vacunación. Los pacientes refirieron algunas molestias en el lugar de la inyección, pero no se observaron efectos secundarios graves. El análisis de las muestras de sangre confirmó la activación de las células T citotóxicas en los niveles que el equipo de investigación había previsto, lo que proporciona evidencia biológica de que la vacuna está produciendo la respuesta inmunitaria prevista.
“Este estudio fundamental aporta algunas de las primeras pruebas de que podría ser posible dirigir de forma segura el propio sistema inmunitario del paciente para que localice y destruya este tipo de cáncer”, afirmó Karen E. Knudsen, doctora, vicepresidenta ejecutiva de Servicios Oncológicos y directora del Centro Oncológico Sidney Kimmel de Jefferson Health.
Ampliando el potencial de la vacuna contra el cáncer colorrectal
Desde el inicio del ensayo, los investigadores descubrieron que el gen GUCY2C se expresa no solo en el cáncer colorrectal, sino también en los cánceres de estómago, esófago y páncreas, tres de los tipos de cáncer más mortales. Junto con el cáncer colorrectal, estos cuatro tipos de cáncer representan aproximadamente el 20 por ciento de todas las muertes relacionadas con el cáncer a nivel mundial. Este hallazgo amplía considerablemente la población de pacientes potenciales que, en última instancia, podría beneficiarse de una vacuna dirigida contra el gen GUCY2C.
El ensayo de fase II previsto evaluará una versión mejorada de la vacuna que incorpora las conclusiones extraídas del estudio de fase I. El objetivo es demostrar una mayor eficacia y determinar si la vacuna puede beneficiar a un grupo más amplio de pacientes con cáncer de distintos tipos tumorales.
La investigación clínica y el camino desde la fase I hasta un impacto más amplio
La evolución de esta vacuna contra el cáncer colorrectal, desde los estudios preclínicos en ratones hasta la fase I y la fase II, refleja el proceso estructurado de ensayos clínicos por el que debe pasar toda terapia contra el cáncer antes de llegar a los pacientes a gran escala. Cada fase se basa en la anterior, generando los datos de seguridad y eficacia que exigen las agencias reguladoras y que, en última instancia, determinan si un tratamiento llega a los pacientes que lo necesitan.
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