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Los neurocientíficos identifican dos poblaciones de neuronas que codifican los recuerdos felices o temerosos.

Según un estudio del MIT publicado en *Nature Neuroscience*, se ha identificado que las neuronas positivas y negativas de la amígdala constituyen dos poblaciones genéticamente distintas que codifican por separado los recuerdos relacionados con el miedo y la gratificación. Estos dos grupos se inhiben mutuamente de forma activa, funcionando como un balancín biológico que regula nuestro estado emocional.

Cómo codifica el cerebro los recuerdos emocionales

La amígdala es una pequeña estructura cerebral responsable de procesar tanto las emociones positivas, como la felicidad, como las negativas, como el miedo y la ansiedad. En la amígdala basolateral (BLA), los investigadores descubrieron que las neuronas positivas y negativas de la amígdala funcionan en poblaciones opuestas: cuando una está activa, suprime a la otra.

Este equilibrio, o desequilibrio, podría ayudar a explicar trastornos como la depresión y el trastorno por estrés postraumático.

Neuronas positivas y negativas de la amígdala: lo que revelan los genes

Tras analizar todos los genes expresados en las células BLA, el equipo del MIT identificó dos marcadores genéticos que distinguen a las dos poblaciones. El gen ppp1r1b identifica a las neuronas que codifican la recompensa y participa en la señalización de la dopamina, que subyace a las sensaciones de placer. El gen rspo2 identifica a las neuronas que codifican el miedo, aunque su función exacta aún se está investigando.

Desde el punto de vista anatómico, estas poblaciones se corresponden con regiones distintas del BLA. La región anterior contiene células que codifican el miedo y expresan el gen rspo2, mientras que la región posterior contiene células que codifican la recompensa y expresan el gen ppp1r1b.

El autor principal, Susumu Tonegawa, profesor Picower de Biología y Neurociencia en el MIT, señaló que las células de memoria positiva identificadas mediante estos marcadores genéticos contrarrestan a las células de memoria negativa y ofrecen la posibilidad de identificar dianas moleculares eficaces para el tratamiento de trastornos emocionales como la depresión y el trastorno de estrés postraumático.

La optogenética confirma el papel de cada población

Mediante el uso de la optogenética —una técnica que permite inhibir selectivamente las neuronas con luz—, el equipo confirmó las funciones específicas de cada población. Cuando se inhibían las neuronas rspo2, los ratones no podían formar recuerdos de miedo. Cuando se inhibían las neuronas ppp1r1b, no podían formar recuerdos positivos.

La estimulación de una de estas poblaciones inhibía a la otra, lo que refuerza el modelo de «balancín» que explica cómo las neuronas positivas y negativas de la amígdala mantienen el equilibrio emocional en el cerebro.

Implicaciones para la depresión y el trastorno de estrés postraumático

La inhibición mutua entre las neuronas positivas y negativas de la amígdala plantea importantes cuestiones clínicas. Unas neuronas del miedo hiperexcitables o unas neuronas de la recompensa hipoactivas podrían provocar sentimientos anormalmente intensos de miedo o ansiedad, patrones que concuerdan con el trastorno de estrés postraumático y la depresión.

El autor principal, Joshua Kim, describió esta dinámica de la siguiente manera: el cerebro mantiene un equilibrio entre lo positivo y lo negativo, y los síntomas de ansiedad y depresión pueden ser el resultado de un desequilibrio entre estos dos aspectos.

Joshua Johansen, del Instituto de Ciencias del Cerebro del RIKEN, calificó los resultados como un avance significativo y señaló que la identificación de marcadores moleculares para poblaciones celulares opuestas de la amígdala abre por primera vez la puerta a un acceso genético específico a estas redes emocionales.

Neuronas positivas y negativas de la amígdala: ¿qué vendrá después?

El laboratorio de Tonegawa está investigando actualmente las dianas situadas más allá de la BLA —entre ellas, el núcleo accumbens y la amígdala central— con el fin de trazar los circuitos completos que regulan las respuestas conductuales ante el miedo y la recompensa.

Este tipo de investigación básica en neurociencia contribuye al desarrollo de futuras intervenciones clínicas para los trastornos emocionales. Los centros de investigación comunitarios desempeñan un papel fundamental a la hora de trasladar descubrimientos como este a ensayos clínicos que lleguen a pacientes reales. Obtenga más información sobre las investigaciones en curso en nuestra blog.

Para consultar el estudio completo, véase la fuente original en Tecnología de las ciencias biológicas.

Fuente: BioScience Technology | Publicado originalmente el 18 de octubre de 2016

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