Un estudio del MIT revela que pronto podría ser posible diagnosticar el cáncer de hígado en una fase más temprana
Investigadores del MIT han desarrollado un método que podría transformar radicalmente el diagnóstico del cáncer de hígado al identificar cambios celulares relacionados con el riesgo de cáncer años antes de que los tumores se desarrollen realmente. El método, publicado en la revista *Proceedings of the National Academy of Sciences*, consiste en secuenciar el ADN de las células hepáticas para detectar un patrón característico de mutaciones causadas por la exposición a la aflatoxina, una toxina fúngica muy presente en los alimentos en algunas zonas del sudeste asiático y el África subsahariana.
Se estima que la aflatoxina es la causa de hasta el 80 % de los casos de cáncer de hígado en aquellas regiones donde suele contaminar alimentos básicos como el maíz y los cacahuetes. En países como Estados Unidos y Europa, donde la normativa de seguridad alimentaria limita la exposición, el riesgo es considerablemente menor. Sin embargo, para cientos de millones de personas en regiones de alta exposición, la capacidad de detectar a tiempo cambios precancerosos en el ADN podría suponer un avance vital en el diagnóstico del cáncer de hígado.
Cómo funciona la huella genética
La innovación principal consiste en identificar una firma mutacional específica, o huella, que queda en el ADN de las células hepáticas tras la exposición a la aflatoxina. El autor principal, John Essigmann, del MIT, describió este enfoque como una forma de medir la exposición previa a un agente cancerígeno a través del registro genético que este deja.
La aflatoxina suele provocar cáncer de hígado al convertir la base de ADN guanina en timina. El equipo del MIT descubrió que esta mutación se produce con especial frecuencia en secuencias CGC, en las que la guanina está flanqueada por citosina a ambos lados. Aproximadamente el 25 % de las mutaciones en las células expuestas a la aflatoxina se produjeron siguiendo este patrón específico, una firma lo suficientemente distintiva como para servir de indicador fiable de una exposición previa a carcinógenos.
Para detectar estas mutaciones, los investigadores utilizaron una técnica de secuenciación del genoma desarrollada en la Universidad de Washington que es entre 1 000 y 10 000 veces más precisa que la secuenciación convencional del ADN. El método codifica ambas cadenas del ADN de doble cadena y recombina los datos, lo que permite a los investigadores distinguir las mutaciones raras genuinas de los errores de copia que socavan los enfoques de secuenciación estándar. Este nivel de precisión es esencial cuando se buscan mutaciones que ocurren en aproximadamente 1 de cada 10 millones a 100 millones de pares de bases de ADN.
De los estudios con animales a su relevancia para los seres humanos
En el estudio, se expuso a los ratones a una dosis única de aflatoxina poco después de nacer. Todos desarrollaron finalmente cáncer de hígado. Los investigadores secuenciaron el ADN de los tumores resultantes y también de las células hepáticas extraídas apenas 10 semanas después de la exposición, mucho antes de que se formaran los tumores. La huella mutacional distintiva ya estaba claramente presente a las 10 semanas, lo que confirma que dicha firma aparece mucho antes de que se desarrolle el cáncer.
A continuación, el equipo comparó este perfil mutacional con las secuencias genéticas de tumores hepáticos de más de 300 pacientes de todo el mundo. El patrón de mutaciones del ratón coincidía estrechamente con los perfiles de 13 pacientes, principalmente del África subsahariana y Asia, de quienes se creía que habían estado expuestos a aflatoxinas a través de la dieta. Esta validación entre especies refuerza los argumentos a favor de utilizar este enfoque como base para una herramienta práctica de diagnóstico del cáncer de hígado en poblaciones humanas.
Cómo podría ser una prueba futura
El equipo del MIT está trabajando actualmente en una versión más sencilla y accesible de este método de detección, posiblemente un análisis de sangre que permita detectar el perfil mutacional de la aflatoxina. Los pacientes que dieran positivo serían candidatos a un seguimiento periódico del hígado, lo que permitiría la identificación temprana y la extirpación quirúrgica de los tumores antes de que alcancen estadios avanzados.
Más allá del diagnóstico del cáncer de hígado, los investigadores vislumbran aplicaciones más amplias. El mismo marco podría utilizarse para generar perfiles mutacionales de otros carcinógenos, creando así una biblioteca de huellas de ADN que identifique la exposición a agentes cancerígenos específicos. El equipo también tiene previsto investigar otros carcinógenos hepáticos, entre ellos la dimetilnitrosamina, un subproducto químico que recientemente se ha detectado como contaminante en algunas fuentes de agua potable.
La investigación también abre nuevas posibilidades para probar intervenciones de prevención del cáncer. Científicos en China ya están investigando si los compuestos que se encuentran en el té de brotes de brócoli pueden bloquear la vía que conduce a las mutaciones del ADN provocadas por las aflatoxinas. Del mismo modo, se están estudiando fármacos como el oltipraz por su potencial para prevenir este tipo de daño genético causado por carcinógenos.
Para obtener una visión general completa del cáncer de hígado, sus factores de riesgo y los métodos de diagnóstico actuales, el Clínica Mayo ofrece un recurso accesible y completo.
Investigación clínica e innovación oncológica
Avances como este dependen de una sólida línea de investigación clínica. Para pasar de un hallazgo de laboratorio a una prueba diagnóstica validada, se necesitan ensayos que evalúen la precisión, la reproducibilidad y la utilidad en la práctica clínica en diversas poblaciones de pacientes.
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