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El ejercicio y la vitamina D son mejores juntos para la salud del corazón

El ejercicio y la vitamina D para la salud cardíaca: una combinación poderosa

Una nueva investigación de la Universidad Johns Hopkins sugiere que los beneficios para la salud cardíaca del ejercicio y la vitamina D se potencian mutuamente de formas que van más allá de lo que cada factor logra por separado. Un análisis de los registros médicos y las respuestas a encuestas de más de 10 000 adultos estadounidenses a los que se hizo un seguimiento durante casi 20 años reveló una relación sinérgica entre los niveles de actividad física y los niveles de vitamina D a la hora de reducir el riesgo de infarto, accidente cerebrovascular y muerte cardiovascular.

El estudio, publicado en la revista *The Journal of Clinical Endocrinology and Metabolism*, no estableció una relación de causa y efecto, pero identificó un patrón claro y consistente: las personas que cumplían con los niveles recomendados de ejercicio y mantenían unos niveles adecuados de vitamina D presentaban resultados cardiovasculares significativamente mejores que aquellas con deficiencias en cualquiera de esas áreas, y resultados sustancialmente mejores que las que presentaban deficiencias en ambas.

Lo que revelaron los datos

Los investigadores utilizaron datos del estudio «Atherosclerosis Risk in Communities» (ARIC), financiado con fondos federales, en el que participaron 10 342 adultos que, al inicio del estudio en 1987, no padecían enfermedades cardíacas ni vasculares. Se realizó un seguimiento de los participantes durante casi 20 años, y los datos se recopilaron en comunidades de Carolina del Norte, Misisipi, Minnesota y Maryland. La edad promedio al inicio del estudio era de 54 años, y el 57 % de los participantes eran mujeres. El 21 % eran afroamericanos.

Los niveles de actividad física en la primera visita del estudio se clasificaron como adecuados, intermedios o deficientes, basándose en las recomendaciones de la Asociación Americana del Corazón, que aconsejan más de 150 minutos semanales de actividad de intensidad moderada o más de 75 minutos semanales de actividad vigorosa. Aproximadamente el 60 por ciento de los participantes se clasificó en las categorías de deficiente o intermedio. Los niveles de vitamina D se midieron en la segunda visita utilizando 25-hidroxivitamina D, y los niveles inferiores a 20 nanogramos por mililitro se clasificaron como deficientes. El 30 por ciento de los participantes tenía niveles inadecuados de vitamina D.

Durante los 19 años de seguimiento, se produjeron 1.800 eventos cardíacos adversos, entre los que se incluyeron ataques cardíacos, accidentes cerebrovasculares y muertes cardiovasculares. Tras ajustar los datos por edad, sexo, raza, tabaquismo, consumo de alcohol, presión arterial, diabetes, colesterol e índice de masa corporal, los investigadores descubrieron que las personas que cumplían con los niveles de actividad recomendados y tenían unos niveles adecuados de vitamina D presentaban un riesgo aproximadamente un 23 % menor de sufrir un evento cardiovascular adverso en comparación con aquellas que eran físicamente inactivas y tenían deficiencia de vitamina D.

Cabe destacar que las personas que hacían ejercicio de forma adecuada pero presentaban deficiencia de vitamina D no mostraron una reducción del riesgo cardiovascular. Este hallazgo subraya la importancia de la combinación: la protección de la salud cardíaca mediante el ejercicio y la vitamina D parece requerir que ambos factores actúen conjuntamente.

La relación directa entre el ejercicio y la vitamina D

Uno de los hallazgos más inesperados fue la relación positiva directa entre los niveles de ejercicio y las concentraciones de vitamina D en la sangre. Los participantes que alcanzaban los niveles de actividad recomendados presentaban un nivel medio de 25-hidroxivitamina D de 26,6 nanogramos por mililitro, en comparación con los 24,4 de aquellos con actividad intermedia y los 22,7 de los clasificados como con actividad insuficiente. Aquellos que cumplían con los niveles de ejercicio recomendados en la primera visita tenían un riesgo un 31 por ciento menor de presentar deficiencia de vitamina D en la segunda visita.

Esta relación se observó en los participantes de raza blanca, pero no en los afroamericanos, una disparidad que los investigadores atribuyeron en parte a la mayor cantidad de pigmento de melanina en la piel más oscura, lo que reduce la eficiencia de la síntesis de vitamina D tras la exposición al sol. Los afroamericanos también tienden a tener niveles basales más bajos de 25-hidroxivitamina D, pero parecen menos susceptibles a ciertas consecuencias, como las fracturas óseas, que los blancos experimentan con niveles igualmente bajos.

La investigadora principal, la Dra. Erin Michos, del Centro Ciccarone para la Prevención de Enfermedades Cardíacas de la Universidad Johns Hopkins, señaló que es posible que la relación entre el ejercicio y la vitamina D no se explique únicamente por la exposición al sol. Las personas que hacen ejercicio con regularidad también pueden tener menos grasa corporal, seguir dietas más saludables y tomar más suplementos, factores que podrían influir de manera independiente en los niveles de vitamina D.

Orientaciones prácticas para mejorar ambos factores

El Dr. Michos ofreció consejos sencillos para quienes desean optimizar los beneficios del ejercicio y la vitamina D para la salud cardíaca sin recurrir a los suplementos. Solo 15 minutos de exposición al sol durante los meses que no son de invierno pueden generar aproximadamente 3.000 unidades internacionales de vitamina D, dependiendo de la latitud y la pigmentación de la piel. Las fuentes alimenticias, como el pescado azul (por ejemplo, el salmón), los cereales fortificados y la leche, también pueden contribuir de manera significativa a los niveles de vitamina D en la mayoría de los adultos.

En cuanto al ejercicio, la recomendación de la AHA de realizar al menos 150 minutos de actividad moderada a la semana sigue siendo la referencia. Michos destacó que la actividad física es la herramienta más eficaz de que se dispone para mejorar simultáneamente tanto la condición física como los niveles de vitamina D.

Además, advirtió contra el consumo excesivo de suplementos. En el caso de las personas que ya alcanzan la ingesta diaria recomendada de entre 600 y 800 unidades internacionales y mantienen niveles sanguíneos adecuados por encima de los 20 nanogramos por mililitro, la ingesta adicional de suplementos no aporta ningún beneficio demostrado para la salud cardiovascular. Las personas con factores de riesgo específicos, como enfermedades óseas, depresión estacional u obesidad, deben someterse a análisis para determinar sus niveles de vitamina D y que un médico supervise su tratamiento.

Para obtener una visión general completa de las estrategias de prevención de las enfermedades cardíacas y los factores de riesgo cardiovascular, el Clínica Mayo ofrece un recurso completo y fácil de entender.

Investigación clínica y salud cardiovascular

La comprensión de la interacción entre factores relacionados con el estilo de vida, como el ejercicio y el estado nutricional, es un campo de investigación clínica cardiovascular en pleno desarrollo. En la actualidad se están llevando a cabo ensayos aleatorios más amplios y diversos que analizan los regímenes de dosificación de la vitamina D y sus efectos cardiovasculares, y se espera que estos proporcionen una orientación más definitiva tanto para los pacientes como para los médicos.

FOMAT apoya la investigación clínica en el ámbito de la cardiología y en múltiples áreas terapéuticas a través de una red nacional de centros de investigación. Para consultar los estudios en curso, visite nuestro página de estudios activos con pacientes. Para obtener más información sobre salud e investigación, explora el Blogs y novedades de FOMAT.

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