Un estudio pionero ha revelado que los medicamentos para el asma podrían reducir el riesgo de desarrollar la enfermedad de Parkinson en casi un 50 por ciento. Investigadores de la Universidad de Bergen (UiB) y de la Universidad de Harvard analizaron datos de uno de los registros de recetas médicas más completos del mundo para llegar a esta conclusión, y sus hallazgos ya están cambiando la forma en que la comunidad científica enfoca la prevención y el tratamiento del Parkinson.
La enfermedad de Parkinson es una afección neurológica crónica cuya causa se desconoce. Destruye progresivamente las células del cerebro que producen dopamina y regulan el movimiento, el equilibrio y la coordinación. Los pacientes suelen presentar temblores, rigidez muscular en brazos y piernas, lentitud de movimientos y dificultades de coordinación. Con el tiempo, estos síntomas interfieren en las actividades cotidianas, como hablar, escribir y caminar. Dado que los síntomas suelen aparecer de forma gradual y se asemejan a los de otras afecciones, pueden pasar meses o incluso años hasta que se obtenga un diagnóstico preciso.
¿Qué es la enfermedad de Parkinson y por qué es importante?
La enfermedad de Parkinson afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo y es el segundo trastorno neurodegenerativo más común después del Alzheimer. A pesar de décadas de investigación, aún no existe una cura. Los tratamientos actuales se centran en controlar los síntomas, en lugar de frenar o revertir el proceso patológico subyacente. Eso es lo que hace que este estudio sobre los medicamentos para el asma y el riesgo de padecer Parkinson sea tan significativo.
Comprender los mecanismos biológicos que subyacen al Parkinson es esencial para encontrar nuevas vías de tratamiento. Los investigadores llevan mucho tiempo centrándose en el papel de una proteína llamada alfa-sinucleína, que se agrupa en el cerebro de los pacientes con Parkinson. Se cree que estas acumulaciones dañan o destruyen las neuronas responsables de producir dopamina, el neurotransmisor que coordina los movimientos suaves y controlados.
El estudio: análisis de 100 millones de recetas
Investigadores del Departamento de Salud Global y Medicina Social (IGS) de la Universidad de Bergen, en colaboración con colegas de la Universidad de Harvard, llevaron a cabo un estudio poblacional a gran escala publicado en la revista Ciencia. El estudio se basó en datos del Registro Nacional de Medicamentos Recetados de Noruega, una de las bases de datos sobre recetas médicas más completas y detalladas del mundo.
El profesor Trond Riise, del IGS, junto con sus colegas Anders Engeland y Kjetil Lauvland Bjørnevik, analizó la información de más de 100 millones de dispensaciones de medicamentos registradas en el Registro de Recetas desde 2004. Esto permitió al equipo examinar las tendencias en toda la población noruega e identificar relaciones significativas entre medicamentos específicos y el desarrollo de la enfermedad de Parkinson.
“Nuestros análisis de los datos de toda la población noruega han sido decisivos para las conclusiones de este estudio”, afirmó el profesor Riise.
La investigación se centró específicamente en dos categorías de medicamentos: los medicamentos para el asma y los medicamentos para la presión arterial. Al cruzar los datos de recetas con los diagnósticos de Parkinson, el equipo pudo determinar que los pacientes que tomaban un tipo concreto de medicamentos para el asma tenían una probabilidad significativamente menor de desarrollar la enfermedad de Parkinson. Los resultados mostraron una reducción del riesgo de aproximadamente el 50 por ciento en ese grupo.
¿Por qué los medicamentos para el asma? La ciencia que explica esta relación
La investigación sobre los medicamentos para el asma y el riesgo de padecer Parkinson comenzó con un trabajo de laboratorio en la Universidad de Harvard. Los investigadores de esa institución descubrieron que ciertos medicamentos para el asma y la presión arterial tenían efectos cuantificables en las células cerebrales extraídas de pacientes con Parkinson. En experimentos con animales, estos fármacos mostraron efectos opuestos: una categoría parecía ralentizar la acumulación de proteínas alfa-sinucleínas nocivas, mientras que la otra parecía acelerarla.
A raíz de esos hallazgos, el equipo de Harvard se puso en contacto con la UiB para comprobar si esos mismos patrones se darían en poblaciones humanas. El Registro de Recetas de Noruega proporcionó el conjunto de datos ideal precisamente porque recoge el historial completo de medicación de todo un país a lo largo de muchos años.
Los resultados coincidieron con lo observado en el laboratorio. Los pacientes a quienes se les había recetado el medicamento para el asma presentaron una tasa significativamente menor de diagnóstico de Parkinson en comparación con aquellos a quienes no se les había recetado. Por el contrario, los pacientes a quienes se les recetó el otro tipo de medicamento presentaron una tasa más alta.
“Analizamos a toda la población noruega y observamos exactamente los mismos efectos que en los experimentos con animales, y todas las piezas encajaron. Se trata de medicamentos que nunca antes se habían considerado para el tratamiento de la enfermedad de Parkinson”, afirmó el profesor Riise.
Qué significa esto para los futuros ensayos clínicos
El descubrimiento de que un medicamento ya existente y autorizado para el asma podría reducir el riesgo de padecer Parkinson en un 50 % abre una vía potencialmente más rápida para los ensayos clínicos. Dado que estos medicamentos ya están autorizados para su uso en humanos y cuentan con perfiles de seguridad consolidados, los investigadores podrían pasar a la fase de ensayos clínicos más rápidamente de lo que sería posible con un compuesto totalmente nuevo.
“Estos hallazgos ofrecen una oportunidad única para desarrollar un nuevo tratamiento contra esta grave enfermedad, y esperamos que se realicen ensayos clínicos para probar el fármaco cuando se den a conocer estos resultados”, afirmó el profesor Riise.
Para la comunidad de investigación clínica, esto representa precisamente el tipo de indicio que impulsa el diseño de los ensayos de fase II y fase III. La reutilización de un medicamento ya existente para una nueva indicación reduce los costos y los plazos de desarrollo, al tiempo que permite aprovechar décadas de datos de seguridad del mundo real.
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Puntos clave
Los medicamentos para el asma podrían reducir el riesgo de padecer la enfermedad de Parkinson en aproximadamente un 50 %, según datos a nivel poblacional basados en más de 100 millones de recetas. El estudio, publicado en Ciencia, fue realizado por la UiB y la Universidad de Harvard utilizando el Registro Nacional de Medicamentos Recetados de Noruega. Se espera que los resultados den lugar a ensayos clínicos formales para evaluar el fármaco como estrategia de prevención o tratamiento del Parkinson. La reutilización de un medicamento ya autorizado podría acortar significativamente el camino desde su descubrimiento hasta su disponibilidad para los pacientes.


