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Vencer la obesidad: estrategias eficaces para una salud duradera

La obesidad, un problema de salud mundial muy extendido, se ha convertido en una grave preocupación que afecta a millones de personas en todo el mundo. Definida como una acumulación excesiva de grasa corporal, la obesidad no solo supone un riesgo significativo para la salud física, sino que también afecta al bienestar mental y emocional. Su naturaleza multifacética requiere una comprensión integral de sus causas, consecuencias y posibles soluciones.

En las últimas décadas, los cambios en el estilo de vida, los hábitos alimenticios y un entorno sedentario han contribuido al rápido aumento de las tasas de obesidad. Las consecuencias de la obesidad son de gran alcance y provocan un mayor riesgo de padecer enfermedades crónicas como diabetes, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer. Además, el estigma social y la carga psicológica que acompañan a la obesidad pueden provocar una disminución de la autoestima y una menor calidad de vida.

Para abordar la obesidad se requiere un enfoque integral que abarque la educación, las medidas preventivas y las intervenciones personalizadas. Al explorar la compleja interacción entre la genética, el entorno y el comportamiento, podemos desarrollar estrategias eficaces para combatir la obesidad y promover un control de peso sostenible.

En esta exploración de la obesidad, profundizaremos en las últimas investigaciones, prácticas basadas en la evidencia y casos de éxito de personas que han vencido a la obesidad. Empoderar a las personas con conocimientos y apoyo es fundamental en la lucha contra la obesidad y, juntos, podemos allanar el camino hacia un futuro más saludable y feliz.

¿Cómo se enfrenta la gente a la obesidad?

Hacer frente a la obesidad puede ser difícil, ya que implica abordar aspectos físicos, emocionales y sociales de la vida. Las personas hacen frente a la obesidad de diversas maneras, y algunas estrategias comunes incluyen:

  • Buscar apoyo profesional: Muchas personas recurren a profesionales de la salud, como médicos, nutricionistas y psicólogos, para desarrollar planes personalizados de control de peso y recibir apoyo emocional.
  • Adoptar cambios saludables en el estilo de vida: Hacer cambios positivos en la dieta y las rutinas de ejercicio puede ser fundamental para controlar la obesidad. Establecer metas realistas e incorporar gradualmente hábitos más saludables es clave para el éxito a largo plazo.
  • Realizar actividad física: La actividad física regular puede ayudar a controlar el peso, mejorar la salud en general y mejorar el estado de ánimo y la autoestima. Encontrar actividades que sean placenteras puede aumentar la constancia en los planes de ejercicio.
  • Unirse a grupos de apoyo: Participar en grupos de apoyo o buscar el apoyo de la comunidad puede proporcionar un sentido de pertenencia y comprensión, al tiempo que se comparten experiencias y estrategias de afrontamiento con otras personas que se enfrentan a retos similares.
  • Cómo abordar la alimentación emocional: Comer por razones emocionales es un mecanismo de defensa común para algunas personas. Aprender a identificar los desencadenantes y encontrar formas alternativas de lidiar con las emociones puede ser beneficioso.
  • Manejo del estrés: El estrés puede contribuir al aumento de peso y dificultar los esfuerzos para bajar de peso. Adoptar técnicas para reducir el estrés, como la meditación, el yoga o los pasatiempos, puede ser útil.
  • Abordar las afecciones de salud subyacentes: Algunas afecciones médicas y medicamentos pueden contribuir al aumento de peso. Identificar y controlar estas afecciones puede ayudar a controlar el peso.
  • Centrarse en la autocompasión: Desarrollar la autocompasión y la aceptación puede fomentar una mentalidad positiva, lo que conduce a una mayor motivación y perseverancia en el manejo de la obesidad.
  • Educarse a uno mismo: Aprender sobre nutrición, control de las porciones y el impacto de los diferentes alimentos en el organismo puede empoderar a las personas para que tomen decisiones más saludables.
  • Celebrando las victorias que no se miden con la báscula: En lugar de centrarse únicamente en el número que marca la báscula, celebrar logros que no tienen que ver con el peso, como un aumento de los niveles de energía, una mayor resistencia y un mejor estado de ánimo, puede levantar la moral.
  • Establecer expectativas realistas: Reconocer que la pérdida de peso es un proceso gradual y que pueden producirse contratiempos puede ayudar a las personas a mantener su compromiso sin desanimarse.
  • Evitar las comparaciones: Compararse con los demás puede ser desmotivador. El proceso de adelgazamiento de cada persona es único, y el progreso debe medirse en función de los objetivos personales.

Es fundamental recordar que lidiar con la obesidad es un proceso personalizado, y lo que funciona para una persona puede no funcionar para otra. La orientación profesional y el apoyo de los seres queridos pueden influir significativamente en el proceso de afrontamiento, lo que en última instancia conduce a una mejora del bienestar físico y emocional.

¿Por qué es difícil tratar la obesidad?

La obesidad es difícil de tratar. debido a una combinación de factores complejos que interactúan y se influyen mutuamente. Estas son algunas de las razones por las que la obesidad es difícil de tratar:

  • Causas multifactoriales: La obesidad es una afección multifactorial con numerosos factores que contribuyen a ella, entre los que se incluyen la genética, las elecciones de estilo de vida, el entorno, el estatus socioeconómico, los factores psicológicos y muchos más. Abordar todos estos factores al mismo tiempo puede resultar abrumador.
  • Variabilidad individual: El cuerpo de cada persona responde de manera diferente a los esfuerzos por perder peso. Lo que funciona para una persona puede no dar los mismos resultados en otra. Encontrar estrategias personalizadas y eficaces para perder peso es una tarea compleja.
  • Cambio de comportamiento a largo plazo: Para controlar el peso con éxito es necesario un cambio de comportamiento sostenido, como adoptar hábitos alimenticios más saludables y realizar actividad física con regularidad. Mantener estos cambios a largo plazo puede resultar difícil.
  • Progresión lenta: El aumento de peso suele producirse de forma gradual con el paso del tiempo y, del mismo modo, la pérdida de peso satisfactoria también suele producirse de forma gradual. Este lento progreso puede resultar frustrante para las personas que buscan resultados rápidos.
  • Teoría del punto de ajuste: El cuerpo tiene un peso “de referencia” natural, que tiende a defender. Cuando se pierde peso, el cuerpo puede responder aumentando el apetito y reduciendo el metabolismo para recuperar el peso perdido.
  • Mecanismos biológicos: Los desequilibrios hormonales, especialmente los relacionados con la regulación del apetito, pueden dificultar que algunas personas controlen su ingesta de alimentos y se sientan satisfechas después de comer.
  • Factores emocionales: La alimentación emocional y los problemas psicológicos, como el estrés, la depresión o la baja autoestima, pueden influir en los hábitos alimenticios y dificultar los esfuerzos por perder peso.
  • Accesibilidad a los alimentos poco saludables: La disponibilidad y promoción de alimentos poco saludables y ricos en calorías en nuestro entorno moderno puede dificultar que las personas mantengan una dieta saludable de manera constante.
  • Estigma y vergüenza: El estigma social asociado con la obesidad puede crear un ciclo negativo, en el que las personas pueden experimentar baja autoestima y recurrir a la alimentación emocional como mecanismo de defensa.
  • Complicaciones médicas: La obesidad suele estar asociada a otras afecciones médicas, como la resistencia a la insulina, la apnea del sueño y los problemas articulares, que pueden complicar los esfuerzos por perder peso.
  • Mesetas de peso: Muchas personas experimentan estancamientos en su proceso de pérdida de peso, en los que el progreso se detiene a pesar de los esfuerzos continuos. Esto puede provocar frustración y pérdida de motivación.

A pesar de estos retos, es fundamental reconocer que la obesidad se puede controlar y mejorar con el apoyo, las estrategias y las intervenciones adecuadas. Un enfoque integral y multidisciplinario, que incluya supervisión médica, asesoramiento nutricional, actividad física, apoyo psicológico y tratamiento de los problemas de salud subyacentes, puede aumentar las posibilidades de éxito del tratamiento de la obesidad.

Mujer con aspecto deprimido debido a la obesidad y al sobrepeso.

¿En qué consiste la prueba médica para detectar la obesidad?

La prueba médica principal que se utiliza para determinar si una persona es obesa o para evaluar su estado de peso es el cálculo del índice de masa corporal (IMC). El IMC es un valor numérico sencillo que se obtiene a partir de la estatura y el peso de una persona y se utiliza ampliamente como indicador de la grasa corporal.

Para calcular el IMC, siga estos pasos:

Mida el peso de la persona en kilogramos (kg).
Mida la estatura de la persona en metros (m).
Divida el peso (en kg) por el cuadrado de la estatura (en metros). La fórmula es: IMC = peso (kg) / estatura^2 (m^2).

Por ejemplo, si una persona pesa 70 kilogramos y mide 1,75 metros, el cálculo del IMC sería el siguiente:

IMC = 70 kg / (1,75 m * 1,75 m) = 22,86

El valor del IMC resultante se clasifica en diferentes categorías, lo que puede ayudar a clasificar el estado de peso de una persona:

Bajo peso: IMC inferior a 18.5
Peso normal: IMC entre 18.5 y 24.9
Sobrepeso: IMC entre 25 y 29.9
Obesidad (Clase 1): IMC entre 30 y 34.9
Obesidad (clase 2): IMC entre 35 y 39,9.
Obesidad extrema (clase 3): IMC de 40 o más.

Es importante señalar que, aunque el IMC es una herramienta muy utilizada, tiene sus limitaciones. No mide directamente el porcentaje de grasa corporal y no tiene en cuenta factores como la masa muscular, la edad y el sexo en el cálculo. Por lo tanto, algunas personas con una masa muscular elevada o con determinadas afecciones de salud pueden tener un IMC más alto sin que se les considere obesos en función de su porcentaje real de grasa corporal. En tales casos, puede ser necesario realizar evaluaciones adicionales y consultar a profesionales de la salud para evaluar con precisión el estado de peso de la persona.

Pies de mujer mirando hacia abajo mientras se sube a la báscula.

¿Cómo influye la genética en la propensión de una persona a la obesidad?

La genética desempeña un papel importante en la predisposición de una persona a la obesidad. Hay varios genes relacionados con la regulación del peso corporal, el control del apetito, el metabolismo y el almacenamiento de grasa, lo que hace que algunas personas sean más propensas a ganar peso que otras. A continuación se indican algunas formas en que la genética puede influir en la obesidad:

  • Predisposición genética: Algunas personas tienen una predisposición genética a aumentar de peso más fácilmente que otras debido a variantes específicas de genes relacionados con el equilibrio energético y el metabolismo de las grasas.
  • Metabolismo: Las variaciones genéticas pueden afectar la tasa metabólica basal (TMB) de una persona, que es la cantidad de calorías que el cuerpo quema en reposo. Las personas con una TMB más baja pueden tener más dificultades para mantener su peso o perderlo en comparación con aquellas que tienen una TMB más alta.
  • Regulación del apetito: Los genes implicados en la regulación del apetito pueden influir en las señales de hambre y saciedad, lo que afecta a la cantidad y la frecuencia con la que una persona come. Ciertas variantes genéticas pueden provocar un aumento del apetito o una reducción de la sensación de saciedad, lo que puede contribuir a comer en exceso.
  • Almacenamiento de grasa: Los genes pueden influir en la forma en que el cuerpo almacena y utiliza la grasa. Algunas personas pueden tener una tendencia genética a almacenar el exceso de calorías en forma de grasa de manera más eficiente, lo que conduce al aumento de peso.
  • Respuesta al ejercicio: Las variaciones genéticas también pueden afectar la forma en que el cuerpo responde al ejercicio. Algunas personas pueden obtener beneficios más significativos de la actividad física en términos de pérdida de peso y composición corporal, mientras que otras pueden no experimentar los mismos resultados.
  • Desarrollo de las células grasas: Los factores genéticos pueden influir en el número y el tamaño de las células grasas del cuerpo. Las personas con un mayor número de células grasas o con células grasas más grandes pueden ser más propensas a la obesidad.

Es importante señalar que, si bien la genética puede contribuir a la susceptibilidad a la obesidad, no es el único factor que determina el peso de una persona. Los factores ambientales, como la dieta, la actividad física, el estilo de vida y las condiciones socioeconómicas, también desempeñan un papel fundamental en el desarrollo de la obesidad. La combinación de la predisposición genética y los factores ambientales puede interactuar e influir en el peso de una persona.

Comprender los factores genéticos asociados con la obesidad puede ser valioso para desarrollar enfoques personalizados para el control del peso. Sin embargo, los cambios en el estilo de vida, como adoptar una dieta saludable, realizar actividad física regular y controlar el estrés, siguen siendo esenciales para controlar la obesidad, independientemente de la predisposición genética.

Presentado por Fomat Médico